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miércoles, 2 de diciembre de 2015

HACER CRECER A LOS DEMAS...

Un acercamiento similar aplica cuando tomamos nuestro papel de dirección paternal con los adolescentes. El amor profundo que podemos mostrar a nuestros hijos y las hijas sirve para ayudarles a descubrir su propósito y desarrollan sus talentos especiales. Eso puede ser especialmente duro si no se emparejan los sueños que nosotros podemos tener para ellos. Nuestra tarea de liderazgo es ayudarlos a que ellos se conviertan en lo que pueden ser, no lo que a nosotros nos gustaría ser si estuviéramos en su lugar. 

Hechos. 9:1-31; 11:19; 12:25; 13:52 



No hay ningún limite al éxito cuando no limitamos a las personas.

Neale Donald Walsch, en su libro Conversaciones con Dios, dice: "Un verdadero Maestro no es el que tiene muchos estudiantes, sino el que crea más Maestros. Un verdadero líder no es el que tiene muchos seguidores, sino el que multiplica su liderazgo en otros."

 
Hace tiempo leí la historia de un hombre quien contaba que durante los primeros años de escuela, sus calificaciones en las diferentes materias habían sido bastante buenas. Pero en el quinto grado tuvo un maestro terrible. Este hombre, hizo que la escuela se convirtiera en algo odioso para él, a tal grado que asistir a ella era un verdadero martirio. A pesar de esos problemas, pudo terminar el año con calificaciones que no eran tan buenas como las anteriores.
 

Al año siguiente tuvo una maestra totalmente diferente. El dice: “Recuerdo vívidamente sus palabras cuando leí en clase una composición que yo había hecho”. Cuando terminé la maestra me dijo: "Algún día no me sorprenderá ver tu nombre como autor de algún libro." Sus palabras me animaron tanto, que me hicieron cocer a fuego lento esa idea en mi subconsciente durante años, además de que me ayudó a darme cuenta las grandes talentos que tenía y que podía desarrollar a través de mi vida.

Como si sus palabras hubieran sido una profecía, veintidos años después, escribiría mi primer libro. Fue un gran placer para hacer la presentación de  mi libro teniendo como invitada de honor a esta mujer, además de que en él había escrito un cálido  agradecimiento para ella.

 
Esta historia nos muestra que existen muchas personas que sólo ven a los demás tal como son; en cambio, un líder visionario los ve desde la perspectiva de lo que pueden llegar a ser. Los líderes como esta maestra, ven a las personas más allá de sus problemas o limitaciones que pudieran tener en el momento, y los ayudan para que vean en sí mismos todas sus posibilidades, impulsándolos a desarrollar su máximo potencial.


La más grande satisfacción que puede tener un líder, es ver a las personas que él ha dirigido convertidas en líderes altamente efectivos. Cuando esto pasa, el éxito de ellos se vuelve también su éxito. Si consideramos a alguien que en la Biblia hizo esto con otros, pensamos de inmediato en Bernabé.

De todos los líderes en la Escritura, él fue un verdadero maestro en llevar a las personas a niveles más elevados. Incluso, el nombre por el que él fue llamado se le dio en reconocimiento a ese don. Su nombre real era José, pero los creyentes lo llamaron Bernabé, que quiere decir, "Hijo de Consolación". (Hechos 4:36) 

 
Un líder crece cuando ayuda a otros a crecer y a desarrollarse. Esta es la segunda mitad de las dos partes que componen el círculo del crecimiento y el desarrollo. La primera, corresponde a nuestro propio crecimiento y desarrollo, porque no podemos desarrollar otros si nuestro propio crecimiento está detenido. Las dos partes del círculo del crecimiento y el desarrollo dependen una de otra, y se apoyan entre sí.

Nos desarrollamos desarrollando a otros, porque los conocimientos que hemos adquirido se reafirman primeramente, y luego se ensanchan con las ideas que se van adhiriendo al compartirlos; y esto a su vez, permite desarrollar a la gente todavía más. Es como una espiral que va hacia arriba. En la medida que se va elevando, va creciendo y ampliándose. Por el contrario, al no desarrollarme, ni desarrollar a otros; mi crecimiento y el de los demás no tan sólo se detiene, sino que con el tiempo decrece, como si fuera un espiral invertida.
 

Galileo, el físico italiano y astrónomo del siglo XV lo dijo de esta manera: "Tú no puedes enseñarle nada a un hombre; sólo puedes ayudarlo a que encuentre dentro de sí el potencial que hay en él." Esto nos lleva a la paradoja del desarrollo sin instrucción. ¿Cómo se lleva a cabo esto?. El antiguo filósofo chino Lao-Tse, lo describió de esta manera: “Los grandes líderes consiguen las cosas con movimientos pequeños. Ellos imparten instrucción no a través de muchas palabras, sino a través de sus hechos”.


Salomón en sus Proverbios lo dice de esta manera:


Entonces crecer y ayudar a otros a desarrollarse es una de las responsabilidades más importantes del liderazgo. Muchos saben que la perspectiva tradicional del liderazgo es conseguir que el trabajo sea hecho a través de las personas; pero los líderes fuertes no sólo logran las cosas a través de la gente, sino también desarrollan a las personas a través del trabajo.

 
Así que cuando en lugar de ver las limitaciones de la gente vemos su gran potencial, sobre todo si ellos tienen un deseo genuino de ser líderes efectivos en la obra del Señor, debemos darnos cuenta de que nuestra principal responsabilidad es trabajar en su desarrollo, porque de lo contrario difícilmente puede haber crecimiento en la Iglesia.


Bernabé hizo lo correcto en las vidas de otros líderes. Su prioridad fue ayudar a las personas a ir a un nivel más elevado en su liderazgo. Él era un líder seguro en su persona, por ello no le importó cuando alguien lo sobrepasó y se volvió un líder mejor de lo que él era como fue el caso de Pablo. 


Cada líder, o es un levantador o un limite para las personas, y cuando este limita a las personas, no sólo los limita a ellos, sino también a sí mismo. Por el contrario, si los lleva a niveles más elevados, no hay nada, por imposible que parezca, que juntos no puedan lograr. 
 

¿Usted alza o limita a sus personas? 
   
El libro de los Hechos hablando de Pablo nos dice en su capítulo 9 versos 19 al 21 y 26 y 27: “Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. Enseguida predicaba a Cristo en las Sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios. Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es este el que asolaba Jerusalén a los que invocaban e

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